La caza de perdiz con reclamo


Por Vicente Hurtado

Estamos completamente inmersos en la época de Caza de Perdiz con Reclamo.
En toda Andalucía es habitual escuchar la tertulia de los aficionados a esta modalidad cinegética, también hay quien la llama “arte”, sin duda por la gran complejidad que la envuelve, sobre todo si hablamos de conseguir ese reclamo sobresaliente, fenómeno, de bandera, extraordinario… en definitiva: artista.

Está documentada fehacientemente la antigüedad de esta caza, nos remontamos muy atrás en la historia comprobando que, desde tiempos inmemoriales, el hombre ha cazado las perdices usando reclamos para ello.
En la propia Biblia aparece: “…como perdiz de reclamo en su jaula es el corazón del orgulloso…”
Plinio el viejo (siglo I), hace referencia a esta caza en su obra “Historia Natural”.
Aristóteles (siglo IV antes de Cristo) hace referencia a la modalidad en su obra “Investigación sobre Animales”.
Griegos y romanos nos legaron preciosos mosaicos con perdices enjauladas.
Cervantes en el Quijote: “…váyase usted señor hidalgo con su pedigón manso…”

Sin embargo, y a pesar de estos claros datos históricos, la Caza de Perdiz con Reclamo, siempre ha contado con un elevado nivel de crítica dentro y fuera del sector cinegético.
Así, nos aparece una prohibición expresa –por parte de Felipe II (1527/1598)-, quien publica una ley que prohibía cazar el reclamo bajo multa de seis mil maravedíes y seis meses de destierro. No obstante, él disfrutaba abatiendo perdices con otras artes.

Más cercana a nuestros días fue la ley de Caza de 1902, que prohibía expresamente la caza del reclamo excepto a los propietarios de los cotos, suponiendo esto un agravio comparativo denigrante para con el resto de los aficionados, y que tuvo como resultado situaciones muy desagradables, pues no fueron pocos los reclamos sacrificados por la Guardia civil en el mismo campo y en presencia del cazador; creándose fuertes rencores en los pueblos, o aprovechando el perdigón, para saldar viejas rencillas. Como quiera que fuese, un despropósito manifiesto.

A pesar de todo, los aficionados al perdigón, seguían colgando el pájaro, escondiendo “el retaco” en el campo y camuflando el pájaro debajo de la pelliza.

No obstante y, como muestra del apasionamiento que esta caza despierta entre sus seguidores, debo hacer mención al esfuerzo ingente realizado por algunos pro-hombres de aquella época que –aún a costa de tener serios problemas en sus propias ocupaciones-, decidían cazar el reclamo y –por si fuera poco- explicar sus conocimientos sobre el menester por escrito, me refiero a Don Diego pequeño, Don Manuel Moriano y Don Gerardo Fraile, quienes -por aquel entonces-, desempeñaban cargos de enorme importancia como el de gobernador Civil y director del Consejo Superior de Agricultura o Coronel de Estado Mayor y, en aquellos momentos, se declararon en rebeldía contra una Ley que, por su condición, estaban obligados a hacer cumplir.

Aquel apasionamiento por la caza de la perdiz con reclamo dio como resultado la publicación de dos extraordinarios libros que, todo buen aficionado a la jaula debería tener siempre a mano:
*De la caza de la perdiz con reclamo (Diego Pequeño)
*La caza de la perdiz con reclamo (A+B)

En definitiva, y como puede verse, estamos ante una modalidad de caza que cuenta con un gran número de adeptos totalmente apasionados, dispuestos a defenderla con uñas y dientes, pero también, con una legión de detractores deseosos de que desaparezca.

Actualmente estamos en la misma tesitura de siempre, la situación actual de España con las Comunidades Autónomas y la delegación de competencias hace que la caza del reclamo de la perdiz se practique en unas sí y en otras no. Siempre en función del criterio político de turno y del peso histórico que la afición tenga.

En nuestra Andalucía llevamos bastantes años practicándola, sin más problemas que los burocráticos (que no son pocos), y el gasto que estos ocasionan, pues, entre licencias, seguros, cotos, etc., etc., todo aficionado tiene que hacer una dotación de presupuesto más o menos importante año tras año. Añadiéndole a esto, algunas medidas que denotan el desconocimiento más absoluto de la práctica de esta modalidad por parte del legislador y, lo que resulta más grave: a día de hoy, la Caza de Perdiz con Reclamo no es aún una modalidad recogida en el ROC de la Junta de Andalucía, lo que quiere decir que, aunque los aficionados no se lo crean, nuestra afición sigue viviendo en la cuerda floja y, cualquier día, podría disponerse a nivel político que la Caza de Perdiz con Reclamo desaparezca. Eso es tan fácil como que dejen de incluirla en la Orden General de Vedas de Andalucía, pues no tienen ningún compromiso político –de suficiente peso- que les obligue a seguir recogiéndola en la misma.

Para tatar de impedir que, por un camino u otro, nos veamos en esta desagradable situación, se han creado asociaciones que intentan defender a la afición de tantos ataques como recibe desde dentro y fuera del sector cinegético, comprobándose –lamentablemente- que a la inmensa mayoría de los aficionados, no les interesa ser miembros de estas asociaciones.
Esa es la cruda realidad.

Pero en fin, dejemos este problema y agarrémonos a otro no menos importante, la agricultura.
Es un hecho innegable que desde que empezaron a aplicarse los pesticidas, herbicidas y demás “idas”, la población de perdices ha disminuido alarmantemente en todo el territorio andaluz.
¿Hace algo la administración para solucionar esta situación? Y, suponiendo que lo haga ¿lo hace con la suficiente celeridad? Personalmente opino que no.

Esta situación de abandono de la perdiz por parte de la administración acarrea, entre otras cosas, el que los aficionados de no pocos municipios, hayan optado por echar al campo perdices de granja que, de un modo bastante descafeinado, resuelven los deseos cinegéticos de quienes se sientan en un puesto con un reclamo colocado en frente.

La granja, “perdiz de bote”, “perdiz de plástico”, así llamada despectivamente por muchos aficionados, ha tenido múltiples consecuencias pero, sobre todo –en mi opinión-, ha favorecido el aumento del número de aficionados en cada pueblo.

La facilidad para adquirir reclamos bien criados a buen precio, y la seguridad de hacer buenas perchas, ha convertido en una feria la seriedad del reclamo. De tal manera que, donde hace cuarenta años había diez o doce aficionados, hoy hay cincuenta.

La perdiz de granja y la alegre situación económica, que tuvimos hace unos años, han industrializado el reclamo y llenado el campo de “colgadores de pájaro”.
¿Es esto bueno o malo? No lo sé, ni voy a entrar a analizarlo, lo dejo para las tertulias más cercanas de los aficionados en las tabernas.
Lo que sí es cierto es que hace treinta años había muy pocos pájaros buenos y, hoy en día, todo el mundo tiene pájaros que sirven.

El cazador de reclamo, el que de verdad está todo el año viviendo esta modalidad, hace de esto una filosofía de vida, los reclamos son para él una parte importantísima de su vivir diario, en todas las épocas del año los visita en varias ocasiones, forman parte de su familia, les ofrece los mejores mimos para, llegada la temporada de caza, poder disfrutar de ellos durante pocos días y –aún siendo pocos- tener que convivir con el aceitunero, el esparraguero, el tractorista etc., etc., en fin, esta modalidad es más de tertulia y de pasión que de perchas abundantes, aunque siempre habrá quien opine lo contrario.