UNA BEBIDA PROBIÓTICA LOW COST


Será que no hay como atiborrarse de medicamentos a diario como para detenerse a recapacitar sobre la integridad y salvaguarda de nuestra de por sí ya mal cuidada flora intestinal.

Y es que un simple tratamiento con antibióticos nos hace acudir al baño más de lo habitual, lo que resulta lógico si entendemos estos compuestos como “destructores de vida” capaces no sólo de acabar con aquellas bacterias dañinas que pululan por nuestro organismo haciéndonos la puñeta, sino de triturar al mismo tiempo a nuestras simbióticas amigas intestinales, que sufren su acción biocida reduciéndose hasta mínimos preocupantes.

Un ejemplo clásico suele ser la mezcla de amoxicilina y ácido clavulánico, con cuya receta debiera acompañarse un preventivo rollo de papel higiénico…por lo que truene (nunca mejor dicho). Y es que hasta 14 días tardaríamos en volver a encontrar bifidobacterias en nuestro intestino, tras un tratamiento completo con este medicamento.

La ausencia o disminución en número de dichas bacterias, junto con otras de igual importancia como el lactobacillus, acarrea problemas que van más allá de una simple diarrea, pudiendo producir a corto plazo trastornos del metabolismo o del sistema inmunitario, además de promover el desarrollo infecciones fúngicas como la candidiasis, por sobrecrecimiento de hongos y levaduras fuera de control.

Y en estas aparece el Kéfir, un incansable generador de probióticos al más puro estilo “lactobacilus casei inmunitas”, pero sin tanto rollo publicitario ni tanta patente de por medio. Un hongo capaz de proporcionarnos en 24 horas una bebida altamente eficiente a la hora de compensar los despropósitos ocasionados por la continuada ingesta de principios antibióticos.

El Kéfir fermenta la leche enriqueciéndola con bacterias capaces de reponer la flora intestinal dañada. Tomado diariamente con un poco de stevia o panela (azúcar de caña sin refinar) para contrastar el posible exceso de acidez, la bebida láctea reforzará nuestro sistema inmunitario a la par que nos hará disfrutar de un rico postre o acompañamiento durante el desayuno.

De preparación simple, por inmersión del hongo durante 24 horas en leche desnatada o semidesnatada y en ausencia de elementos metálicos, preferentemente vidrio o plástico, el resultante tras el colado es una bebida láctea densa y de textura suave, similar a la de otros costosos probióticos de primeras marcas. Pese a que no es necesario refrigerarlo durante la fermentación, una vez finalizada deberá ser conservado en la mismas condiciones que un yogurt. El hongo una vez colado debe ser recompuesto con leche fresca hasta el día siguiente.

Una forma saludable y sin duda económica de cuidar nuestras defensas.